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Por primera vez, los Errantes, los que no estaban demasiado cansados o asustados, en este caso Daralhar, Duncan, Almeth y Awaie, se adentraron en las inquietantes entrañas del TEMPLO DEL MAL ELEMENTAL.
Descendieron los horadados escalones de fria piedra gris y se internaron en los oscuros pasadizos de piedra, donde frecuentes corrientes de aire creaban una atmósfera extraña, silbando entre los elevados arcos góticos y los amplios pasillos. En la oscuridad más absoluta, valiéndose de antorchas y la Luz de St.Cuthberth, el grupo empezó a explorar el complejo laberíntico. Encontraron antiguas armerías, con todo el material completamente destrozado y abandonado. Examinaron las armas, pero aparte de un virote de especial calidad y en buen estado, el resto estaba inservible.

Mientras atravesaban un largo pasillo, unos sonidos inquietantes llegaron a sus oidos, y un olor familiar, fétido y repugnante, el olor de la muerte, precedió a unos horribles necrófagos que salieron al asalto de los Errantes. Sólo eran dos, y tras intercambiar algunos golpes, Duncan los expulsó con el poder de St.Cuthbert. Cerca de allí, descubrieron una puerta enorme, de doble hoja, idéntica a la de la entrada, con plateadas runas inscritas en el bronce, que irradiaba un aura repelente potentísima. Poco pudieron hacer allí, así que decidieron volver y explorar otra zona.
Llegaron por otro pasadizo a un par de puertas, una fuertemente cerrada con varios candados, y la otra aparentemente solo encajada. El mismo olor fétido de antes inundaba el ambiente, indicando que por allí rondaban más muertos caníbales. BLAM, la puerta sin cerrojos se abrió de golpe, y detrás vieron como varios necrofagos se lanzaban hambrientos al ataque, con los ojos inyectados en sangre. Los Errantes adquirieron posiciones defensivas, pero las abominaciones empezaron a abrirse paso. Sus afiladas garras y colmillos contagiaban de alguna especie de maldita enfermedad, paralizando a sus victimas. Awaie se mantenía a distancia volando, y Daralhar estaba en segunda linea de combate, pero Duncan, que intentaba por todos los medios expulsar a los monstruos, y Almeth, acabaron sucumbiendo y quedaron totalmente paralizados, a merced de los muertos vivientes.
Éstos se encaramaron sobre ellos, buscando sus gargantas...
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