El Templo del Mal Elemental

Este es el blog oficial de la partida de HackMaster de las Sirenas, auspiciados por la asociación de rol El Dirigible, en Sevilla. Dirigida por Carlos Burón, en esta dura campaña de Gary Gigax los jugadores, conocidos como Los Errantes, sudan sangre y fichas de personaje enfrentándose a las fuerzas del Templo del Mal Elemental. Aquí podrás encontrar resúmenes, informaciónes varias, y (espero) material que aporten los jugadores. ¡A leer!

lunes, 23 de febrero de 2009

El Carismático Aristócrata Chulito Decadente y Guapetón Mister Gigoló Maligno

Resúmen 21/02/2009

Llagular estaba descansando plácidamente en la habitación del fallecido Seravik, que compartía con Merya, mientras sus compañeros pasaban esas semanas entrenando. Pero esa noche... algo le hizo despertar sobresaltado. De su saco estaba surgiendo un horrible humo verde hediondo, y la puerta de la habitación se abrió; "CEREBROSSSS!!"... el zombie comecerebros, decapitado, estaba entrando en la estancia, y venía a reclamar lo que era suyo. Su cabeza.
Llagular despertó a patadas a Merya, que le faltó tiempo para descolgarse por la ventana. Llagular no se atrevió a descender así como así, y se puso a conjurar su hechizo de trepar cual arácnido. Por desgracia, ese lapso de tiempo que permaneció allí hizo que el vapor verdoso penetrase en sus pulmones, y cayó en redondo asfixiado. Merya lo escuchó desfallecer y como pudo entró rapidamente en la habitación y tiró por la ventana a Llagular (que crujió al caer), tras lo cual saltó ella misma. Mientras tanto, el superzombie se estaba recolocando la cabeza y algunos hombres de la posada se acercaban a la habitación a ver que pasaba.

Algunos de los errantes salieron también de sus habitaciones, y se acercaron a echar un vistazo. Un par de mozos intentaron entrar en la habitación, pero en cuanto inhalaron el humo verde se derrumbaron, se sabe si muertos o inconscientes. El superzombie se apresuró a saltar por la ventana una vez recuperada su testa, y aterrizó junto a Merya que se preparó para defenderse; sin embargo, el engendro siguió corriendo y se perdió en la oscuridad de la noche.
Ya pasado el peligro, se reunieron todos junto a Llagular. Le tomaron el pulso a ver como estaba y en principio parecía que había fallecido, aunque no lo podían asegurar con certeza. Lo llevaron rápidamente en la carreta hasta el templo de St.Cuthberth, donde les recibió el hermano Calmert. Inmediatamente confirmó la muerte del Veterano Prestidigitador. No había oído hablar de ese humo venenoso antes, y a instancias de los demás llamó al Fraile Terjon. Terjon dijo que ese humo había sido generado por la maldición del zombie al regenerarse su cuerpo, y que la única posibilidad de ayudar a Llagular era resucitándolo mediante un poderoso ritual, que el no podía efectuar al no estar la víctima adherida a la religión de St.Cuthbert. Les dijo que la mejor opción era buscar un sacerdote afín en Verbobonc, pero por desgracia nadie sabía cual era su religión.

Una vez fuera del templo, Dunkan propusó utilizar sus poderes para revivir al infeliz. El problema era que la resurrección sería imperfecta, porque Dunkan carecía del poder necesario para traerlo de vuelta en buen estado.
Se dirigieron a la colina, y allí se dispusieron en derreredor al cadaver; Dunkan comenzó a pronunciar el hechizo y Llagular empezó a levantarse entre estertores. Tal como se levantaba, le peto la rodilla derecha, empezó a sudar excesivamente, a despedir un extraño olor corporal, se le cayeron los brazos, perdio el gusto y el olfato y le entró un ataque de epilepsia que casi lo mata de nuevo, entre otras cosas. Llagular sólo acertaba a decir "matadme", pero Dunkan lo convenció de que si se le practicaba el ritual adecuado volvería a disfrutar de su anterior salud. Terjon les había comentado que les iba a salir cara una resurrección en condiciones, así que fueron a ver a Burne a ver si lo añadía a la deuda. Al final lo convencieron de la valía de Llagular, y se fueron a Verbobonc a sanarle.

Una vez en Verbobonc, los errantes se dirigieron a un enorme templo de St.Cuthbert donde los atendió un clérigo de gran poder. Llagular se pasó ipso facto a la religión de St Cuthbert, y tras una mañana de rituales, salió con sus dos brazos y sin la retahíla de problemas que le había ocasionado el ritual de Dunkan. Solucionado este tema, los Errantes siguieron con sus objetivos principales.
Solucionados varios entrenamientos y algunas búsquedas paralelas (descritas en los anteriores resúmenes), los Errantes se dirigieron con voluntad férrea a la casa del foso. Tras una marcha sin problemas, llegaron a la fortificación, y sin enemigos a la vista se metieron en las entrañas del subterráneo. Avanzaron cautelosamente por los pasillos y habitaciones hasta llegar a donde habían derrotado previamente a los duendes apestosos. Awaie se fué de avanzadilla, y llego a la habitación donde habían matado a los humanoides verdes. Esta vez, estaba llena de gordas ratas que se estaban disputando los trozos podridos de hace semanas que había por los suelos. Awaie empezó a disparar y cuando vió que se marchaban por un túnel volvió a avisar a sus compañeros.
Todos ya frente a la reja que daba al tunel por el que se habían ido las ratas, acordaron internarse en el. Llagular levantó la reja, y tras un pedo mental sobre como cruzar todos sin soltar la reja se metieron en la estrecha cloaca. Merya y Awaie fueron a explorar, y tras un breve y brusco giro dieron al final de un pasillo de piedra. Llamaron a los demas errantes, y reunidos allí se pusieron a discutir como seguir (el pasillo continuaba pero de el también salia otro pasillo).
Awaie, aunque no veía nada en la oscuridad, decidió explorar el pasillo hacia delante, guíandose por el tacto de las paredes. Despues de descender un poco, empezó a notar humedad y escuchó un chapoteó; se le abrió un poco el ojete y se fué corriendo de vuelta con los demás.

Mientras seguían discutiendo, de pronto vieron una luz oscilar en el subpasillo que no habían investigado y una voz preguntó "¿QUIEN ANDA AHÍ?". Todos se callaron, menos Daralhar, que profirió un maullido. El hombre dijo "¿pero qué coño?" y se le escuchó darse la vuelta, correr, y dar un portazo.
Merya se acercó con cautela al pasillo, y vió que al fondo había una puerta de madera recia y oscura, con un ojo rojo pintado encima, con una sola argolla enorme en el centro. Decidieron entrar, y Merya empujó la puerta pero no se abría. Tras pensar un poco, tiró de la argolla, y se abrió sin problemas; detrás había un pasillo que continuaba, y a la izquierda otra puerta igual. Tras deliberar un poco, apareció Eber el druida que se había traído de la ciudad a los dos mercenarios, Dother y Conomen, para que sirviesen de ayuda por si había alguna escaramuza.

Armados de valor, todos en fila india y detras de Dother, que estaba especialemente refunfuñón, soltando "cabrón" "te vas a cagar" y perlas parecidas por lo bajo cuando se le espetaban ordenes, se adentraron en el pasillo que había detras de la siguiente puerta, bien iluminado por antorchas que había en la pared, junto a rudimentarios tapices con el mismo símbolo del ojo. Awaie se quejó de la estrechez de los pasillos. Avanzando, llegaron a una habitación diáfana intermedia, completamente vacía, y la mitad de los errantes se metieron en el siguiente pasillo, de no mas de 20 pies, que daba a otra cámara.

En la pared de enfrente, por lo que podían ver los aventureros, había un sectario, completamente embozado de negro hasta la cara y con su capa, dormido sobre un banco de madera, con una lanza al hombro. Awaie se acercó sigilosamente a rematarlo, y tal como se aproximó, vió que en la esquina contigua ala que había salido había unos 10 sectarios apostados, mitad agachados y mitad de pie, con ballestas pesadas apuntándole. Un par de ellos dispararon sus saetas contra el hada, pero al amparo de las sombras el Corta Bolsas les esquivó. En ese momento, el guardia que estaba durmiendo se levanto, se arrancó el atuendo de sectario y se descubrió como un enorme caballero embutido en una armadura completa negra como la pez con los símbolos del ojo, espada y escudo en ristre. Los Errantes y el caballero intercambiaron algunas palabras de amor, y se dispusieron a combatir.
Pero Dunkan tenía más problemas, porque vió como de la retaguardia se aproximaba un fugaz borrón marrón que se movía a toda velcodidad, acompañado de una risita chillona y un "vas a morir, vas a morir". El borrón empezó a pincharle con una aguja, pero entonces Daralhar tiró un conjuro dormir, y el bicho se paró en seco; era como un hada duende, pero marrón, con la cara demacrada, los ojos inyectados en sangre, y unas sucias garras. Cayó dormido, y le ordenaron a Conomen que desarmara al bicho, cosa que hizo. Pero Eber, en vez de rematarlo, le pegó un golpe de cimitarra a lo bestia, y despertó a la criatura de nuevo.
Mientras tanto, Almeth envió a Dother a abrir una puerta cerrada que estaba en la siguiente habitación, pero Dother, en vez de ir para allá, se dió la vuelta, se acercó a Almeth y le dijo "¿que decías, que abriese la puerta? ¿¡porque no abre la puerta TU PUTA MADRE!?", tras lo cual procedió a hincarle la espada al paladín en su santa barriga. Entonces se puso a aullar como un lobo, y de la habitación con los sectarios le llegaron aullidos similares en respuesta, así como de Conomen. Entre improperios, también mencionó a Iuz, lo que encabronó a Dunkan. Dunkan sin embargo, tenía las manos llenas, porque Conomen le había pasado su estilete envenenado al hada de nuevo, y ella misma había sacado un cuchillo.

Zoa estaba disparando flechas al caballero oscuro (que estaba gritando ordenes a sus hombres), con algo de éxito, con lo que Merya aprovechó para abrir la puerta que tenía a su derecha. Dentro, encontró una habitación exquisitamente decorada, con gruesas alfombras, delicado mobiliario, cubertería de plata, carnes dulces y vinos especiados repartidos en pequeñas mesas junto a otras viandas, un acogedor brasero ardiendo en el centro, y al fondo, un sofá, en el que descansaba reclinado un bello joven, de largos y plateados cabellos y porte gallardo, embozado en una armadura completa con grabados en forma de araña con rostro humano. Estaba saboreando una copa de vino, e invitó a Merya a acompañarle, mientras su lugartentiente mataba a los demás. Merya se mostraba reticente, por lo que el extraño anunció, encogiendose de hombros, que entonces no le quedaba más remedio que matarla. Merya dió un paso atrás y cerró la puerta apresuradamente.

Entre tanto, Darien había conjurado una bruma en el interior de la habitación donde se encontraba el lugarteniente, así que no se veía nada en absoluto de los movimientos de las tropas enemigas (aunque en principio, ellos tampoco veían a los Errantes).
Estaba a punto de librarse una cruenta batalla final en las entrañas de la casa del foso, que sólo acabaría con la aniquilación total de uno de los dos bandos...

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